El duende

El duende se levanta por la noche,

la tarde no le contagia y espera con gracia a la luna.

El duende desayuna de madrugada y duerme con el frío de la mañana,

esperando despertar un día donde la lluvia empape su ventana. 

La gracia del duende sólo la ve su reflejo, andando descalzo por cada azulejo.

A veces lee obras de teatro de siglos pasados y “El enfermo imaginario” de Molière aún no ha terminado.

La música espanta al ruido que en la cabeza tiene metido,

sus sueños vuelan alto con los piés dentro de un charco,

salpicando dibuja en un folio y así espanta a sus demonios.

 

Anuncios

Avistamiento

Con un catalejo avistaba el mar repleto de vida como un punto limpio lleno de chatarra. No seré carne reciclada, tampoco alma reencarnada.

Combustión, explosión, mil trozos de carne desperdigada.

La desgracia siempre lució bonita al hombre y el sufrimiento es el arte de nuestra muerte, y preparó el escenario con ríos de sangre y mil cabezas libres fusiladas.

 

Augurio

El augurio como siempre esta en el cielo y viene a por sacrificios.

 

Todos contemplan desde abajo,

pero no ven las aves,

colgada una luna llena roja

y sedienta de corazones;

ella invitaba a los visitantes,

a cruzar el mar,

a encontrar el fondo,

ilustrada en un mar sereno.

 

14 copas por el momento,

la luna estaba eufórica,

la escuché, miré arriba y era cierto.

En la playa, poco a poco,

iba quedando la arena,

sin ningún tipo de rastro,

la luna cometía el crimen perfecto.

 

Luna sigilosa y asesina,

Luna sangrienta y expectante,

ella recostada sobre el mar,

solo daba pistas a la muerte.

 

 

 

La fiesta de despedida

Ya había visto los días pasar,

con sus 24 horas, su sol

y sus lunas llena y menguante.

El olvido todavía bailaba de la mano con el recuerdo,

haciendo ruido.

¡Fuera!,

pues tú traes el recuerdo contigo,

la mecha del camino quemado,

el dolor que ya ha pasado,

que quiere volver a encender las luces;

y yo que no busco el sol,

que no miro lunas,

y que vivo sin luces,

persisto en el olvido y desisto en el recuerdo,

viviendo con lo amargo de lo irónico

de avanzar en el camino.